Hacer que estés, que lenta vayas…


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Hacer que estés
hacer que lenta vayas
creándote a
            tu semejanza. Dar
la exactitud de
            lo que es vos. Entrar
libre de todo rastro de alma en
            lo creado y salten
en medio de todos los cielos los astros. Sea
entre los hechos que se juntan mi casa.
                        Hacer mi casa. Ser
el que ahora está acá.
Bajo la noche, lentamente, cuando todo se vaya, mirar
tu forma en el fondo,
mansa en el mar del mundo en sombra, ser en ella el mundo.

Daniel Freidemberg – Chaco

Climas

En todo comienza a destacarse un previsible derrumbe.
Nosotros no necesitamos mucho.
Nosotros necesitamos una mano abierta, un aliento sustantivo
una ternura tan evidente que nos haga temblar.

Enroscados por un clima tibio que anuncia los más dulces asaltos.
Hay una voluntad sin miradas, una agitación que nos hace crecer
como plantas: la libertad sin armas que tiene la forma de tu cuerpo.

Porque todas las palabras caían de tu boca con ese cansancio de alfombras
gruesas y flácidas que suele quedar después de alguna noche.

Querías explicar, evitando contradecirte, esos acontecimientos
de tu vida que terminaron disponiéndose contra ti misma, dejando
atrás la inocencia y tu ofrecimiento y tus manos amables.

Porque todas las palabras no tuvieron el suficiente calor como
para guardar un largo equilibrio.
Porque temblabas.
Porque estamos hondamente solos.

Porque de algún modo nos llevamos recíprocamente y es imposible hacer nada.

Las palabras y los contornos que escogiste cuidadosamente
para dibujar una voluntad que no era realmente la tuya.
Las pequeñas mentiras cuya necesidad no explicabas del todo
y que no intentabas borrar en el temor de descubrirte demasiado sola complicando
las madrugadas: sus hombros quietos.
Esto es todo lo que olvidaste entre nosotros.

Has abierto y cerrado tu corazón el tiempo necesario que me lleva ocuparlo.
Seré pues uno de los árboles de tu memoria para evitar que la sangre se torne
incontrolable.

No necesito demasiado para continuar estremeciéndome.
Necesito apartar estos meses vacíos que se han filtrado hasta nosotros.
Estos gestos muertos sin cortezas.
Estos inútiles comentarios al margen y todo ese mundo enfermo de turno.
Necesito lo que hicimos o lo que se dejó de hacer.
Estrechar nuestro abrazo redondo en clima agazapado de las islas o de esta arena:
Ser de nuevo esa precisa responsabilidad o ese abandono.

José Manuel Inchauspe – Santa Fé

Calles

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No se puede andar impróvido por las calles.
Las ventanas procesan nuestra sombra para comérsela
en olvidadas estaciones de trenes.
Los grillos montan guardia detrás de los afiches
para librar su canto en vastas ceremonias.
Las calles, empedradas de mercaderes insomnes,
vendedores de nigromancias y pócimas virtuales
que levantan altares profanos.
Las calles, que oscurecidas de voces monocordes,
no logran escapar al hedor de las gargantas.
Las calles, pisoteadas por el paso intransigente de las masas
(hundidas en el sopor de palabras deleznables)
Las calles que acceden a la sincronía del andar ciego
de quien llegará un minuto tarde y perderá su premio.
Las calles que confirman: la avaricia de las manos,
la ruptura de los pétalos,
la fe tiritando en los convidados al festín del frío de la noche.
Las calles, cautivas de sigilos,
albergues de extrañas coyunturas,
cómplices definitivos en desmanes programados.
Acequias recogiendo saliva y sangre,
sudor, mendicidad y esclavitud.
No, no se puede andar impróvido por las calles,
hartas de mestizajes sin credos ni esperanza,
hartas de savias aguadas que hallan muerte en la raíz.
No se puede andar impróvido por las calles,
aunque la lluvia, bautismo que celebra el cielo, las purifique.
Sé que están alertas para tragar mis afanes,
cambiar mis símbolos
y ofrecer mi pensamiento al mejor postor
en tanto asisten, flemáticas,
a ruidos circunstanciales que intentan contaminarme.
Pienso, pienso y pienso
mientras escondo mi sombra detrás de alguna ocasional estatua.

María del Carmen Poyo Martínez

Lugar

Lugar, es el nombre del animal más grande de la tierra.Featured image
Hay quienes aprovechan su sombra y no saben que existe.
O beben su saliva y lo confunden con un río.
O duermen en los huecos que dejan sus pezuñas en la tierra
y piensan que la tierra es así.
Los exiliados cargan sus pedazos de tiempo.
Otros clavan zapatos en el barro.

Hay ciegos que cambiaron la vista de la certidumbre.
Algún dios carpintero que fabricaba muebles repite
la sentencia :
“Un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar”.
Pero los desaparecidos ¿ dónde están ?
Si el nombre que los nombra parece un chupadero.
Todo es ajeno aquí
Somos los extranjeros de un lugar que era nuestro.

El deseo escribe en un libro sin hojas.
Alguien se prende fuego envuelto en un secreto.
Hay quienes buscan que el amor les corrija la rabia.
Otros rezan, divisan un lugar después de este lugar.
Está el que desespera :
“si ese animal ocupa tanto espacio, ¿por qué no puedo verlo?
Unos pocos eligen atravesar un sueño para llegar a un sueño.

¡Ah, si el silencio dijera sus lugares!
Ahora, cada baldosa es un campo de caza.
En días por venir, alguien
escarbará en las preguntas hasta desenterrar un fémur,
algún diente de lo que fue un lugar.
Pero no en esta casa con un piso de viento.
Aquí nadie se mueve, ha llegado el gran día.
Reparten un desierto entre todos los hombres.

Jorge Boccanera – Argentina/1980

La doctora B., jueza de paz, se queja a su coiffeur.

” en el cantri ya no se puede vivir:Featured image
la muchacha me saquea el fríser
al nene me lo discriminan en la facultad
(cantri-boi, le dicen, como el tema de los bitles,
¿te acordás?)
el rot-uailer -bendito sea- mordió a mi suegra
al vigilante hay que vigilarlo
-a mi marido también –
no consigo un jardinero como la gente
mi vecina amaneció con cinco tiros en la nuca

¿no te parece que este corte me hace más vieja? “

Bruno Di Benedetto – Trelew