Adagio

Poesía de Buenos Aires

Aquella vez

en un rincón de mis nostalgias

dejé las notas que me diera Rachmaninoff.

Y entonces furiosa y entrometida dominó

la corriente de siglos

ordenadas, en fila pulcra, sin ton ni son,

sumando un maquinismo en la memoria

de tantos cabos atados y desatados

y material descartado

explicando el por qué y para cuando

uno a uno los gemidos

cada llanto de crío detallado

la locura, el resonar, el trino.

Vino…

Sí, vino cuando quiso la mundana señora

sin permiso

e irrumpiendo en el sonar de una duda

tomó su partitura y dio templanza a todo

refutó el temporal y  falló en consecuencia

abrió la barriga del vicio y resolvió

derramó la impugnación de los demorados

y regañó entre dientes…

Regañó.

Todo pareció sensato y consumado

en su amplitud, rotundo…

en su prontitud, lapidario,

pero no supe qué explicó tan frondosa dama

de siglos

si todo está resumido en…

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Homenaje a Arnaldo Calveyra

El poeta, dramaturgo y novelista argentino Arnaldo Calveyra, considerado una de las voces más originales de Latinoamérica, falleció en París el 15 de enero de 2015 a los 85 años de edad como consecuencia de un infarto al corazón.

Casi todos sus libros fueron escritos en español y publicados primero en francés por la prestigiosa editorial Actes Sud. El Gobierno galo lo condecoró con la Ordre des Arts et des Lettres. Sólo comenzó a editarse en español hace unos 20 años. Hasta entonces fue un gran desconocido para la mayor parte de sus compatriotas argentinos. El reconocimiento en su país le llegó tarde, pero le llegó. La Universidad Nacional de Entre Ríos, provincia donde nació en 1929 y que le sirvió de inspiración, publicó su “Teatro reunido, donde destacan las obras El diputado está tristeMoctezuma, y La selva, entre otras.

En su primer libro, Cartas para que la alegría, publicado en 1959, escribió ya unos versos que resultarían memorables: “En el ferry fue tan lindo mirar el agua. / ¿Y sabes?, no supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara”. Y el último texto de su Poesía reunida (Adriana Hidalgo Editora, 2012) decía: “Deseos de escribir la palabra ruiseñor, de quedarme con ella toda la siesta y ver si cuando merme el sol se puede divisar un ruiseñor o a un lindo boyerito”. Alguien habrá recordado hoy sus versos.

In Memoriam:

Yo muero todavía

Te lo digo, te lo digo, tienes que creerlo, nos estamos
volviendo esta cosa increíble que es el amor, un brazo es un
abrazo, las estrellas más se internan descalzando floras, tus
enanos muertos que pisabas ayer tarde, el agua, las aguas
aquellas que miramos con un oído atento hacia las caras, sin
saberlo, sin saberlo.

El viaje largo presentido, larguísimo callado, la casa por
la copa de los álamos, el lado de sombra de tus ríos, la pandora
alta queridísima entregada con una mano, aquella
palabra que llegó una tarde a pasar la vida con nosotros.

Encendido por el viento, ningún manantial pisa la tierra,
el amor había nomás que darlo todo, si no ¿quién habría de
quedarse en casa cuando ya todos nos hayamos ido?, invierno
de aquel año en qué moríamos de niños, nada cesa pero
el amor no cesa, ¡qué mineral cuánta greda en un fantasma!

Yo sé, tienes que creerlo, yo muero todavía, ya me animo
al amor con los ojos abiertos, yo lindo todavía, alambrada
mía, río de sonda que me paras en dos patas de conseja
camino hacia tus bocas, dame de esas lámparas que pasan,
de esas estelas que se apagan al hallarse, llévame para siempre
conmigo fuera mío, no dejes que yo entre más en tantas
casas sin hallarte, los mil dedos por noche de mis manos,
laberinto que no extravías al que abre la boca sin su grito
mudo, escucha, no escuches a las alas que no coinciden al
cerrarse, nos estará, sí, ya gozando la inolvidable muerte.

De: “Iguana, iguana” en “Cartas para que la alegría- Iguana, Iguana”, Editorial Libros de Tierra Firme, Colección de Poesía Todos bailan, 1988.

No me has encontrado, me anduve empapando de rocío. Temprano irisado. /Iba cantando, iba contándome, iba abriendo maizales con el canto al canto. / Los perros lo toreaban a Dios de tan visible. / ¡Despierta, viene el día, un pájaro se suelta de los ríos, despierta!/ Le van quedando dos velas a la luna, vela del sur, vela del oeste, mariposa, mariposa enloquecida con su sombra descubierta. / ¡No queda nadie en casa! ¡No duermas más, despierta, el agua no tiene imágenes, los caballos no imaginan!…/Anda con el telegrama por el monte. Voy a su encuentro, el telegrama tiene una flecha con mi nombre. Le queda un poco de luz a la sombra, verde, sombra del pájaro, y en seguida oscuro y esa voz con mi nombre./ (Si pudiera salirme de mi nombre, entrarme en el trébol con su oferta de imanes…) / – Una piedra, su caballo casi rueda. Arena ahora. Agua. Sendero ahora. / Ahora llega aquí donde lo aguardo, desde lo alto de su oscuro ha de leerme esta palabra.

De “Libro de Mariposas II”, Arnaldo Calveyra.

“Palabras a no dudarlo, palabras, no otra cosa. Palabras en lugares, las mismas en diferentes textos, palabras vueltas del revés desde la primera letra. A punto de poema. Halladas en ocasiones, en lindes de un olvido, en manos aún torpes de aprendices de sol y de sombra, ¿poesía qué, cuándo, poesía cómo?  Acentos tales. Palabras que quieren decirnos algo oculto desde siempre por las parcas de los sueños, escondido entre los pliegues.”

 

Últimas noticias del último día

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dos mil era un número estampado en los sueños del futuro, ahora es la densidad del cielo
a punto de romper en llanto y vómitos de fuego


hambre cero sería justicia, hay quienes tienen otros planes, multiplican panes de oro en sus mesas, así sostienen su miserable reino gracias a la transmutación del tiempo y la sangre de otros



un hombre justo alcanza para destrozar la indiferencia que nos inyectan a toda hora
desde las catedrales del miedo


cuatro son los vértices de un cuadro, todos entramos y salimos de él de modo intermitente
entre voces que se alzan
tuvimos un padre
fuimos afortunados
el mundo es así
un sitio inhóspito
para la orfandad de tantos
sin brújula, perdidos
en una espera sin frutos
frente a las puertas de la ley
hoy
hace falta una rebelión
en el desierto de los tártaros
o seguiremos cosechando
la luz de estrellas muertas.

 

Gabino Rafael Britez