Cebolla

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Es noche en la Perla

                                               y los ranchos se iluminan,                                               

                                             la pobreza helada cede                                              

su lugar a la esperanza,

habrá trabajo mañana

algo habrá cuando llega

la filigrana del verde,

tan chiquititas las ventanas

y la luz tan tenue,

rico sin embargo

ese olor a fritanga

picante y el vino

barato el susurro

en la intimidad soñada,

a esta hora un instante

de magia, una pena

constante y difícil

de echar de casa 

Diana Bellessi

Saldo final

Yo decía que no.

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Que no.

Que no sería posible porque uno viene de otro lado de una ladera oculta de la prosa ahí, adonde Julio rayuelea ahí,

en el insomnio adonde los inviernos sobreviven en bollos de papel en una máquina de escribir vieja que siempre desespera,

en la tecla M que funciona a veces pero fue arreglada por mi padre y el detalle provoca a escribir sin fundamentos.

Y de pronto surge este espacio de palabras palabritas y palabrotas, con ese jaque anacrónico, heredado, postizo, incómodo.

Ese calor de pies, de andariegos, de hacer la calle porque sí o porque no. O porque se puede. O porque se siga pudiendo.

Para la Historia no existen tiempos ni manos ni brazos y de pronto todos pensaron lo mismo y hubo.

Y la máquina sigue ahí,

en su silencio cómplice ahora, cuando yo quiero que explote y llueva prosa, que sea fronda y avenida, que acantile, que bosquee, que sulfure y brame que ruja que fluya que integre y denuncie.

Que diga cuándo, en qué momento asumo el desafío tardío.

Y es grave: finalmente, luego de negarlo por años creo que soy poeta porque me duele el lugar adonde llevo al Pueblo.

Diana Poblet

La música

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Se cuenta que hay rocas que entran en erupción
de repente. De la nada, dicen algunos,
o del corazón agreste y súbitamente tierno
que las hace temblar como si el odio
de vivir y no moverse fuera igual
que esa insólita dulzura, el reverso:
inofensivo volcán de las cosas olvidadas de sí
hacia el mundo que espera del silencio
una señal.

Claudia Marin