La palabra no se atreve a su silencio

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La letra llega a detener el mundo,

nace y se aparta

lo que hoy se escribe

mañana es eclipse

humo de espejos.

Nadie pide la llave de la flor.

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Aprendí a callar

a volverme nuca

espalda muda

el pan alimenta si es promesa.

Con la piedra que llega

hago el primer fuego

para mi Poema.

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Al exceso del silencio

le levantan un tribunal,

piden madera y cruz.

El osado persiste en su clavo

y oxida en el monte la condenada

astilla que lo juzga.

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Hay un pájaro y una cobardía

poniendo la mañana.

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Asomada a mi poeta

la otra que soy se pregunta

por qué escribo en esta lengua

¿quién me eligió?

Virginia Perrone

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Hija del viento

Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencias,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo del llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

Alejandra Pizarnik

El gato en el retrato

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Se pierde el momento
de empezar
se empieza
en cualquier lado: aunque
se pierda
el gato                                                                                                  
está ganado. Y no se espera.

Ni siquiera
el gato espera al gato.

El gato es solo
y eso le permite
inventarse
sus pasiones. Su riesgo
es saber
y de antemano
que nadie lo querrá
como querría.
Y ésta:
“Gato en el mundo,
poco profundo”,
su sentencia.

Siendo leve,
el gato es. Se sueña
con gatos cuando uno
se sale de sí mismo. El gato
rara vez
cabe en el gato.

Está
autorizado al equilibrio
y condenado
por lo mismo
a sitios relativos:
sube
y no asciende, baja
y no se hunde.

El único lugar del gato
es donde
el gato estuvo.

Según
mi amiga,
en Roma
hay siempre el mismo
gato.
Se renuevan
sin embargo
los gatos de París. Y hay
más de uno siempre a un tris
de ser feliz
aquí.

El aquí
es el conflicto del gato.
De donde mira
ve
que el mundo gira
y se marea. Gato mareado,
gato agotado. Lo pierde
lo relativo
y ni lo salva
saber que está ganado
aunque perdido.

Mirta Rosenberg

Diálogo

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Te hablaba del jarrón azul de loza,
de un libro que me habían regalado,
de las Islas Niponas, de un ahorcado,
te hablaba, qué sé yo, de cualquier cosa.

Me hablabas de los pampas grass con plumas,
de un pueblo donde no quedaba gente,
de las vías cruzadas por un puente,
de la crueldad de los que matan pumas.

Te hablaba de una larga cabalgata,
de los baños de mar, de las alturas,
de alguna flor, de algunas escrituras,
de un ojo en un exvoto de hojalata.

Me hablabas de una fábrica de espejos,
de las calles más íntimas de Almagro,
de muertes, de la muerte de Meleagro.
No sé por qué nos íbamos tan lejos.

Temíamos caer violentamente
en el silencio como en un abismo
y nos mirábamos con laconismo
como armados guerreros frente a frente.

Y mientras proseguían los catálogos
de largas, toscas enumeraciones,
hablábamos con muchas perfecciones
no sé en qué aviesos, simultáneos diálogos.

 Silvina Ocampo

El grillo

Sobre el pasto declinante

un grillo se arrastró hasta mi sombra

y se detuvo, perplejo,

ante una amenaza de disolución.

Después se aplastó, buscando,

su propia tumba

y sintió cómo el mundo se enfriaba.

Así fue el comienzo

de la verdad de un año que no amé.

Autor:  Joaquín Gianuzzi

-Pascal es una de mis viejas obsesiones. Otro de mis ídolos, ya con posterioridad, es Kafka: una especie de dios infalible en el sentido del don profético, a pesar de que él no crea en sí mismo.Para mí es el mayor escritor de nuestra época: el sentimiento de extrañeza por hallarse en el mundo está perfectamente encarnado en él; además, considero que los suyos son textos poéticos. Podría citarte de memoria párrafos enteros de «El castillo», y en especial el final de “El proceso” y muchos fragmentos de su diario, auténticos poemas por múltiples motivos: por la intensidad de la expresión, la inventiva metafórica y la multiplicidad de significados. Inclusive, Kafka se acerca a la poesía moderna en la forma elíptica de describir una supuesta verdad. Y una prueba de esta obsesión mía son los poemas “Kafka en el sanatorio” y “Kafka detrás del escritorio”. Me asombra allí lo increíble de ese “moribundo muy especial, hermoso como un condenado,/ quiza con pruebas desesperadas acerca de lo secreto/ y desapareciendo, contra toda lógica, en un cuerpo pequeño“. Es la trivialidad y la absurda displicencia de la muerte, de sus gestos indiferenciados.                                                                                         J. Gianuzzi